En Ruta al Sur

Es Jueves, son las 20:30 y ya está oscuro, vamos manejando a 120 Km/h, el panel del auto indica 4 grados afuera. Estamos en una época en que la pandemia parece tener mejores números y por lo tanto, podemos manejar hasta tarde. Paramos cerca de Los Angeles a llenar el estanque del auto y algo de comer. Vamos hacia el sur, camino a Chiloé, pero a diferencia de todos los viajes que hemos hecho en auto antes, este es un Jueves laboral, nuestras vacaciones parten el próximo lunes.

Todo comenzó el Miércoles a las 6:00 am, partimos  desde Santiago a Santo Domingo junto a nuestras perritas: Pandita y Morita. En Santo Domingo mi mamá las cuidará por dos semanas.

Ese Miércoles, el horario laboral parte a las 8:30: Llegamos un poco antes, a tiempo para tomar desayuno y comenzamos a trabajar: reuniones, coordinaciones y trabajo desde el notebook. A las 18:00 cerramos los computadores, nos despedimos y partimos camino al sur, la idea es manejar hasta llegar a un lugar para dormir que nos permita trabajar remoto, y luego de la hora de salida manejar hasta antes del toque de queda respectivo hasta la siguiente ciudad.

Saliendo de Santo Domingo al sur

La primera parada es en Talca; está helado y tranquilo, unas horas antes encontramos alojamiento mientras vamos en camino y logramos asegurar uno en el centro de la ciudad. La habitación tiene una mesa alargada para trabajar, perfecto para que cada uno retome el trabajo desde los extremos opuestos. Aprovechando que la ciudad tiene toque de queda a partir de las 00:00, salimos a tomarnos una cerveza cerca del hotel, algo que no hacíamos desde que comenzó toda esta locura, se sienten como los primeros ápices de normalidad, en un contexto y ciudad extrañas, en un contexto en que mañana trabajamos remoto, desde un hotel en Talca. Ahora a descansar planificando aprovechar el desayuno incluido para partir con energía el día siguiente.

Qué Talca.

Es Jueves de nuevo y próximos a cerrar nuestros computadores, revisamos en Waze la ruta una vez más, podríamos llegar hasta Paillaco si salimos a tiempo, adelantamos todo el proceso de salida. Paillaco está a 600 KM, 6 horas aprox. y en la Región de Los Rios!, o sea una región con toque de queda a las 00:00, estimamos llegar a las 00:15 considerando una rápida parada a cargar bencina.

Un par de atrasos y reuniones de ultimo minuto nos hacen dejar el hotel a las 18:20 y a esa hora hay taco en Talca, la hora de llegada estimada va subiendo: 00:20, taco..  00:24, taco y más taco.. 00:32 y por fin llegamos a la carretera, ya no hay taco.

La ruta mejora ponemos música para viajes y nos ponemos a pensar en qué decirles a los supuestos fiscalizadores que nos van a detener a las 00:30 llegando a Paillaco, en pleno toque de queda.

Cerca de las 20:15 Waze estima que nos faltan 4 horas de viaje para recorrer los próximos 360KM de viaje, mientras que el panel del auto estima que nos quedan 160KM de bencina. La parada es inevitable y tenemos un poco de hambre. Bencina y alimentos en la siguiente estación que resulta ser un Pronto!.

El escenario es perfecto, con la App puedo hacer el pedido mientras cargamos bencina. Gracias tecnología por existir en la época de la conectividad! Paramos a recargar provisiones a las 20:20.

Frente al counter de atención de Pronto con mi café en una mano y la App de Pronto abierta en la otra, pienso en Murphy y miro el reloj:  Ya pasaron 20 minutos esperando a la supervisora de la supervisora de Pronto intente realizar una nota de crédito para un producto que había comprado minutos atrás desde la App (oh! la tecnología!). Resulta que la App de Pronto no actualiza el stock de los productos, así que si compras uno que no tiene stock, la forma de resolverlo es a través de volteretas burocráticas que para mi tenían como objetivo que no le descontasen el valor del producto a la chica que me atendió.

Entre propuestas y resoluciones todo se aclara y por fin salgo de Pronto con mi café, provisiones y $300 pesos de vuelto, cuyo origen nunca entendí, pero lo importante es que estamos listos para retomar la ruta 5 al sur.

Partimos nuevamente y ya son las 20:45 y la hora estimada de llegada es a las 00:50! Repasamos la lista de excusas para los fiscalizadores que seguro nos van a interrogar cuando lleguemos a Paillaco en pleno toque de queda. uff.

Estamos de vuelta en la ruta y está mas expedita, menos autos seguro significa que las personas ya están en sus casas protegidos de los virus y los toques de queda, nosotros seguimos en la carretera y seguiremos por algunas horas más, ya hace rato es de noche y en el camino aparece un personaje nuevo para nosotros: La Niebla.

La Niebla del sur.

No es que nunca haya manejado con niebla, crecí en la costa y la niebla es más o menos frecuente, sobre todo en los días de otoño e invierno. Pero esta cosa.. esta niebla era diferente, como todas las cosas lindas del sur, esta niebla era un nuevo elemento en el camino, yo acostumbrado a manejar en niebla por algunos kilómetros o 10 minutos como mucho, esta niebla duró 300 kms, y sin quererlo se convirtió en la excusa perfecta para cuando nos detuvieran a fiscalizar por andar manejando en horario de toque de queda.

Dejábamos atrás camiones en el camino, que cargados y por muchos kilómetros avanzaban tranquilos. Tranquilos porque los camiones tienen salvoconductos para avanzar de noche. Seguimos nuestra ruta por muchos kilómetros recorriendo el sur de noche, más lentos en zonas con niebla más densa y acelerábamos cuando teníamos mejor vista y un camino despejado.

La música era fundamental para mantener el ánimo durante los tramos largos pero más que todo, la sensación de estar estirando un poco las reglas de lo convencional, pseudo-hackeando el sistema al poder estar trabajando en el camino y ganando días para comenzar las vacaciones en destino, es una sensación maravillosa.

Llegamos a Paillaco a las 00:50 y la niebla ya había llegado antes que nosotros. Avanzamos lento por la salida de la carretera pendiente de cualquier fiscalizador que nos fuera a detener e interrogar, por andar manejando a esa hora. Pero nadie nos detuvo, nadie nos fiscalizó, la niebla nos camufló y llegamos a nuestro destino.

Ya es viernes y estamos en el sur de Chile, son las 8:30 y comenzamos otro día de trabajo, felices por lo insignificante que se hace la distancia en este formato. El aire se respira diferente.

Matias Meza

Matias Meza

Santiago, Chile